
DELFINES
Gladys Zaldívar
Cabriolean en el sitio de la inocencia
los delfines,
y entregan su lenguaje de uvas marinas
y corales,
su sonrisa de querube caído
en los salobres pasadizos del edén.
Tocan sus flautas los delfines
atados
al suave oleaje de amatista.
Las gaviotas, quizás otros pájaros,
han dibujado un halo manso
sobre su júbilo, han tintineado
un cristal invisible en el aire
y la canción asciende envuelta
en un dorado manto de veleros.
El misterioso otoño abre,
con sus patriarcales sombras,
esta carta de olvidado, antiguo amor,
inescrutablemente en fuga
de la cárcel de basalto que los sella.
© Gladys Zaldívar